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La arqueología de la arquitectura se basa en ordenar y datar las etapas por las que han pasado los edificios, hasta llegar a su estado actual. A través de una serie de estudios generales se pueden interpretar los procesos constructivos y destructivos que se llevaron a cabo en una construcción, en función de los cambios de usos y ocupación, propios y de su entorno. De este modo a través de una minuciosa observación de las construcciones, podemos llegar a reconocer los cambios menos visibles: los distintos materiales empleados, sus dimensiones, las técnicas constructivas, la decoración, la ornamentación, las huellas de las herramientas utilizadas, etc. Estos datos nos permiten entender los procesos constructivos, las distintas etapas, las fechas y los criterios seguidos por los constructores para realizar la obra, que deben registrarse en forma clara, simple y ordenada; para lo cual nos valemos de varios tipos de fichas, gráficos y fotografías. Estos datos, junto con los aportados por las investigaciones históricas y planimétricas, constituyen herramientas fundamentales para encarar intervenciones sobre el patrimonio arquitectónico con un carácter científico, ya que brindan al proyectista los elementos que le permiten valorar el impacto que tendrá su intervención sobre el edificio y su entorno, y a partir de esto, poder plantear la estrategia de intervención más acertada.
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